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Mostrando entradas de febrero, 2020

trígono

confiar en mí que habito en aquel vacío fértil, donde ambas intenciones se tiñen de luz viva.

actea normal

He llegado a infinitos terremotos el deseo de encontrarme vulnerable, en aquel lugar. me interpela y suena el tren Miedo a que? ¿que será esa fuerza invisiiible que nos emp uja a vivir? soplan ovacioooo  nes,  en mi nuca millo neesss partí culas aroma a jaz mín que revi ve en invierno .. y si de pronto fueramos todes, células de un perro? inter especial multi dimen sio nal durmiendo la siees ta en la vereda El sol brilla diferente, milagrosamente fuerte Por la ventana olorcito a café. sincronicidad... . . Me he tomado un segundo para pensar y estirar el cuerpecito. Me mueve una banda que descubrì hace relativamente poco, una artista que admiro la supo oìr pintando mientras salia el sol. Se enciende la energía yang que despierta pinceles y letras, soñadores, poetas, oradores, alumnes y maestres , perros negros y de color, buenvivientes diurnos y por que no a los que recién se acuestan... bienvenides al descanso que soñaron al menos las ultimas cuadras... ....

Morir y vivir para contarlo.

¿Cómo darle comienzo a la historia mientras sólo puedo pensar en el final y en cómo me sentí ante tremendo estímulo? Moribunda entre mis lágrimas, atorada con mis propias decisiones. Escribo desde mi tumba en la cima de aquella preciada y deliciosa montaña que tanto desee escalar; perseguidora de instantes fúnebres, musicalizados por artistas callejeros hacedores de magia oscura... .Placeres manifiestos, presentan: . "Morir y vivir para contarlo". . . . . Una fragancia exquisita flota en el aire, doy vueltas anhelando chocar con la fuente de aquella. Desaparece... Camino y ahí está de nuevo, baña mis sentidos de su delicada presencia tintineante. Si cierro los ojos parece abrazarme dejándome sin aire. ¿Por qué te comportas de esa manera, extraña criatura? Su mirada se abre cómo cueva ante mí, veo una luz y soy instantáneamente poseída por la suavidad que dispara. Ya no sé quién soy, mucho menos dónde me encuentro. . . . . continuará... o no. ...

scratches

Me he estado preguntando ¿Qué es el amor? cada vez con más frecuencia. Aquelles gobernados por el fuego valoramos la chispa deseante que se enciende y nos saca del letargo que antecede al viaje, hacia lo que podría terminar muy pronto. Entonces, cómo responder a esta pregunta si cada experiencia mediada por esta fuerza parece volverme menos humana y un tanto más codiciosa de morir de una vez por todas?

Poesía para morir.

Estoy bien. Comprendiendo porqué se comporta de ésta manera el ser que maneja la calesita en la que juego. Para rematar con un detalle curioso, el caballo de mar quiere toda mi atención. Me recuerda cuánto me gustaría poder sumergir la cabeza dentro del agua aunque sea una vez más. Me obsesiona, está muy bien decorado,  en la cara le brilla un gesto de satisfacción que prefiero admirar cada instante a cerrar los ojos y pretender que no esté ahí... corriendo, en reposo, con la sangre a punto de brotarle de esa sonrisa libertina que le apunta las orejas al cielo cubriendolas del más dulce aroma silvestre. De verdad, me apasiona este juego. Gracias por galopar en mis entrañas, privandome de tu relincho preciado, tan custodiado.

Astrid

¿A quién hay que enviarle una carta de amor? Me asusta no estar ahí cuando mis propias líneas escritas con rojo pasión lleguen. Estar siempre disponible por si llega la vida a quitarme la ropa nubla la instantaneidad. Jamás llegará esa loquita descarriada si me dispongo a esperarla, jamás. Conformarme con despojarme de estos trapos y acariciar mi vientre al respirar, sentir la vida aplaudiendo con cada cm recorrido, aplaudiendome dentro y fuera; Orgullosa de haberme animado a ser quien escribe, toca el timbre, sube la escalera y me desnuda, saltando sobre la cama duerme la siesta dentro de un abrazo, agradeciendo que estuve ahí, que estuve aquí... Quizás sea un buen primer paso. Gracias Astrid, es un placer conocerte, me gustan tus cartas, tus nalgas, tu voz y tus ideas locas sobre los demás, que al fin y al cabo... son tú a través de tus ojos negros como faroles del más allá. . . . . . Gracias. Mercurio en Priscis.