Poesía para morir.
Estoy bien.
Comprendiendo porqué se comporta de ésta manera el ser que maneja la calesita en la que juego.
Para rematar con un detalle curioso, el caballo de mar quiere toda mi atención. Me recuerda cuánto me gustaría poder sumergir la cabeza dentro del agua aunque sea una vez más.
Me obsesiona, está muy bien decorado, en la cara le brilla un gesto de satisfacción que prefiero admirar cada instante a cerrar los ojos y pretender que no esté ahí... corriendo, en reposo, con la sangre a punto de brotarle de esa sonrisa libertina que le apunta las orejas al cielo cubriendolas del más dulce aroma silvestre.
De verdad, me apasiona este juego.
Gracias por galopar en mis entrañas, privandome de tu relincho preciado, tan custodiado.
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