Astrid
¿A quién hay que enviarle una carta de amor? Me asusta no estar ahí cuando mis propias líneas escritas con rojo pasión lleguen. Estar siempre disponible por si llega la vida a quitarme la ropa nubla la instantaneidad. Jamás llegará esa loquita descarriada si me dispongo a esperarla, jamás.
Conformarme con despojarme de estos trapos y acariciar mi vientre al respirar, sentir la vida aplaudiendo con cada cm recorrido, aplaudiendome dentro y fuera; Orgullosa de haberme animado a ser quien escribe, toca el timbre, sube la escalera y me desnuda, saltando sobre la cama duerme la siesta dentro de un abrazo, agradeciendo que estuve ahí, que estuve aquí... Quizás sea un buen primer paso.
Gracias Astrid, es un placer conocerte, me gustan tus cartas, tus nalgas, tu voz y tus ideas locas sobre los demás, que al fin y al cabo... son tú a través de tus ojos negros como faroles del más allá.
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Gracias. Mercurio en Priscis.
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